El otro día hablaba con un compañero de Privalia y me contó ‘la teoría de los 1.000 días’.
La teoría es muy sencilla:
“No puedes estar más de 1.000 días haciendo lo mismo”.
Quizás no habría que ser tan radical y habría que cambiarlo por un:
“No puedes estar más de 1.000 días sin hacer cosas nuevas”, ¿no creéis?
Pues bien, si aplicamos esa teoría a los deportistas profesionales nos damos cuenta que muchos de ellos fácilmente cumplen más de 5.000 días (por ejemplo de los 18 a los 32 años) haciendo lo mismo que es entrenar y competir en su deporte. ¡Lo cuál me parece muy bien por cierto!
El problema es que algunos de ellos fácilmente
cumplen más de 5.000 días sin hacer nada nuevo. ¡Lo cuál (como podrán adivinar mis lectores asiduos fácilmente) me parece muy mal!
Supongo que ahora a lo mejor te pones a pensar para contrarrestar mi opinión y se te pueden ocurrir muchos nombres de profesionales exitosos que llevan toda la vida haciendo lo mismo.
A mí también se me ocurren algunos nombres. Por ejemplo:
-
Ferran Adrià: empezó lavando platos, para acabar siendo el mejor cocinero del mundo. Más de 10.000 días cocinando.
-
Josep Guardiola: empezó jugando al futbol para acabar siendo uno de los pocos deportistas que puede ser presidente del Barça (si le apetece claro). Más de 10.000 días con el balón en los pies.
-
Quim Monzó: empezó como todos los periodistas empiezan, es decir haciendo lo que podía para sobrevivir para acabar siendo uno de los mejores escritores (con su tic incluido) del país. Más de 20.000 días escribiendo.
Todos llevan mucho tiempo haciendo lo mismo. Mucho más de 1.000 días.Aunque,
¿te imaginas a Adrià cocinando
el mismo plato cada año?
¿te imaginas a Guardiola dando
las mismas instrucciones en cada partido?
¿te imaginas a Monzó escribiendo sobre l
os mismos temas en su columna diaria de la Vanguardia?
Yo sinceramente no.
Es verdad,
parece que llevan muchos días haciendo lo mismo. Y sin embargo, para algunos pueden ser genios de otro planeta, personas irrepetible o incluso doctor honoris causa.
Lo mejor de todo es que estoy convencido que
sin ese talento especial que tienen para hacer lo que hacen de la forma que lo hacen ninguno de los 3 nunca pasaría ‘hambre’ porque su forma de buscar, su forma de hacer cosas nuevas constantemente, su forma de no conformarse les hubiera llevar a desarrollar otro talento especial. Un talento que diríamos que es innato.
Muchos nos preguntaríamos entonces:
¿te imaginas a
Adrià haciendo otra cosa que no sea pintar cuadros?
¿te imaginas a
Guardiola haciendo otra cosa que no sea escribir poemas?
¿te imaginas a
Monzó haciendo otra cosa que no sea puntuar vinos?
Y todos con voz alta y reafirmante contestaríamos:
-
¡Eso es imposible! Los 3 han nacido para ser unos genios en sus respectivas profesiones.